7/29/2006

El fin de "Chino Tardío" (2ª parte)

Se imaginarán como me ponía cuando se iba haciendo de noche. El temor, la desesperación y la angustia iban en aumento a medida que pasaban las horas. Todos los días era lo mismo. Lo que yo debí sufrir durante esos terrible años no se lo doy a nadie. Hubo un tiempo en que le dió por dormir desnudo. Fue una época negra para mí, una época que prefiero no rememorar. Sólo imagínenselo. Cómo si no bastara con los olores... Soy la sábana de Chino, y ahora que ese gordo infeliz murió, puedo hablar.

No ha sido nada de fácil. Durante años se me conoció como "la tiesa". Imaginarán lo humillante que era para mí, sobre todo porque no podía revatir a quienes me daban ese denominativo: ellos tenían razón. Pero no era culpa mía. Muchos me llamaban y aun hoy me llaman "la pasada a poto", apodo que derivó más tarde en "lapasapo" y luego en "la sapo". No es nada para la risa.

Dije que no era para la risa.

Pero hay que ser justos. No todo fue malo. En los años mozos de Chino, aquello que sus estudiosos (una bola de pelotudos) han comenzado a llamar el "Chino clásico" o algo por el estilo, él tuvo un par de parejas sexuales bastante interesantes. Vaya a saber uno como un gordo lampiño y hediondo como ese conseguía acostarse con esas mujeres, pero aunque parezca increíble, lo hacía. Lo hacía mal, si se me perdona la infidencia, pero lo hacía, que al final es lo que importa. Eran buenos momentos, cortos pero buenos. No eran momentos perfectos, siempre estaba ese molesto detalle: Chino también estaba en esa cama con nosotros. Pero era lo único que yo tenía en aquel entonces, lo único que me permitía seguir en pie, conservar algo de mi pisoteada dignidad. A veces, y esto no es para que lo anden ventilando por ahí, esas chicas se quedaban solas conmigo en la pieza, largas horas. No sé en qué andaría Chino, comiendo, viendo televisión o metido en internet bajando pornografía, lo de siempre; gracias a eso, a esa actitud molesta y absurda que adoptaba ese obeso repugnante, ellas se quedaban acostadas y aburridas esperándolo, aguardando por ese individuo sospechoso que habían elegido, talvez en qué estado etílico o psiquiátrico, como pareja sexual. Y en la soledad, y llevadas por la abulia y la frustración, a veces ellas y yo, yo y ellas, ya saben... a veces, un par de veces, pasaron cosas.

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